Mainumbí nace en el año 1994 editando una revista de temas ecológicos mediante un convenio con la Dirección de Ecología de la Provincia de Santa Fe, quien proveía contenidos sobre flora y fauna, principalmente del litoral. Esta revista se distribuyó sin cargo en todas las escuelas de la provincia de Santa Fe durante treinta ediciones mensuales (más de 65.000 ejemplares). Sin embargo, debido al descomunal esfuerzo y a no contar con financiamiento por parte de las instituciones estatales que apoyaban el proyecto, la revista Mainumbí no pudo continuar.
La crisis de los ‘90 marcó un cambio de rumbo y decidimos continuar como Cooperativa de Trabajo. Se buscaron nuevos caminos que nos permitieran seguir trabajando en la temática que nos apasiona. Así se comenzó con la producción de CD interactivos y el dictado de capacitaciones personalizadas en las escuelas sobre temas ambientales. Estas nuevas experiencias nos fueron brindando una visión más integradora, a la vez que nos mostraba las necesidades existentes alrededor de la problemática ambiental. El contacto con docentes de diversas regiones del país, la aproximación a los ministerios locales –que aprobaban nuestro trabajo con un certificado para el docente–, y las relaciones con las empresas que financiaban nuestras actividades, terminaron por forjar la actual convicción de que es necesario integrar los aspectos sociales a los ambientales. Se nos presentó entonces imprescindible la vinculación de la ecología con la salud pública, la educación, el trabajo y la cultura. Así llegamos a trabajar sobre una realidad más compleja aún de la que habíamos partido: la ecología social.
El acercamiento a la complejidad de los factores ambientales nos permitió en los últimos años el desarrollo de programas productivos socio-ambientales, tal es el caso del programa Siembrevida y Nuestro Sueño que se encuentran en funcionamiento en la localidad de El Bracho –provincia de Tucumán- y en la ciudad de Neuquén respectivamente. Fieles a la convicción de que es imprescindible respetar la diversidad, tanto ambiental como cultural, estos programas no son “productos cerrados” sino que se presentan ante todo como espacios de intercambio donde, en primer lugar, se evalúan las características específicas de la localidad en que se desarrollan. Luego el contacto directo con los beneficiarios produce el surgimiento de acciones que valoran su hábitat, su cultura, su naturaleza, sus habilidades y sus conocimientos. Estos programas están obteniendo resultados notables y marcan un camino que seguramente puede ser recorrido en otras localidades.
Por otro lado, la producción de materiales educativos significa para nosotros la posibilidad de seguir elaborando elementos que ayuden al acercamiento de la educación ambiental a los alumnos y a los docentes; y mantener así la esencia de nuestros comienzos.
Sin dudas hemos crecido. La ecología del ‘94 es hoy un abordaje del ambiente reconociendo particularidades culturales e ideológicas, económicas y sociales, de la salud y educación públicas. Pero permanece en nosotros la convicción que sostiene el lema con el que nacimos, la importancia de luchar y aprender a “ mantener y preservar lo nuestro ”.